Los Juegos Olímpicos, un altavoz para 10 refugiados

Por David Giménez

El deporte cambia vidas. Y también, en ocasiones, las salva. Quizá el caso más reciente, el de Rafaela Silva. Esta judoca brasileña nos dio una lección el pasado lunes, cuando conquistó con un perfecto wazari (la maniobra más valiosa del judo) el oro olímpico ante la mongola Sumiya Dorjsuren. Hasta aquí, nada extraño si no fuera porque Rafaela nació y creció en Ciudad de Dios, una deprimida favela brasileña.

Rafaela tuvo que superar un camino de violencia, prejuicios y obstáculos y mandar así un mensaje de esperanza a las 763 favelas de Río de Janeiro. Una historia similar a la que os queremos contar en este artículo, también un mensaje de esperanza y de futuro a las personas desplazadas por la guerra y los conflictos sociales alrededor del mundo.

Esperanza la que se creó desde el mismo momento en que el presidente del Comité Olímpico Internacional, Thomas Bach, anunció que un equipo compuesto por refugiados competiría en Río.

En total, 10 atletas que encontraron asilo en países como Alemania, Bélgica, Luxemburgo, Kenia y Brasil. Atletas que han podido salir al exterior para buscar un futuro mejor y, sobre todo, para que el mundo entero conozca el horror que viven sus castigados países.

Siria, un auténtico polvorín 

Quizá, la cara que más hemos visto en los medios de comunicación estos días. La de Yusra Mardini, una valiente nadadora de 18 años que hoy día vive en Berlín. Desde Isriz, el segundo mayor puerto de Turquía, Yusra viajó en un abarrotado bote hasta Lesbos cuando, a la media hora de viaje, el motor se paró.

La pequeña siriana, junto a algunos compañeros más, arrastró el bote hasta su destino. “Quiero que nadie renuncie a sus sueños. Quiero que todos luchen por lo que sienten en su corazón, incluso si parece imposible” afirma.

Un conflicto, el del Gobierno sirio y los opositores al presidente Bashar al Assad, que se desató en marzo de 2011 y cuyas cifras globales hacen temblar: 5 millones de refugiados sirios, más de 7 millones de desplazados internos y más de 280.000 víctimas.

Entre los 10 refugiados aún hay otro deportista sirio, Rami Anis, de 25 años y residente en Bélgica. El deseo de este nadador es tan sencillo como incierto: competir en los Juegos de Tokio 2020 con la bandera de Siria y darle una alegría a un país reprimido y golpeado por la violencia.

Sudán del Sur, un país al límite

La mitad de los 10 refugiados proceden de este pequeño país africano, el más joven del mundo. Se independizó en 2011 de Sudán del Norte tras dos guerras civiles y el conflicto, lejos de amainar, persistió entre los propios miembros del nuevo país.

La situación actual, con un 45% de la población que no dispone de agua potable y una falta de alimentos generalizada, hace que más de 2 millones de personas hayan salido del país. Muchas a países vecinos, como Kenia, donde viven actualmente nuestros cinco protagonistas.

James Nyang correrá los 400 metros lisos de atletismo mientras que Yiech Pur lo hará en los 800 metros, al igual que su compañero Rose Nathike. En cambio, Anjelina Nada y Paulo Amotun se atreverán con los 1.500 metros.

Todos ellos viven y entrenan hoy en día en Nairobi y estarán en Río con el objetivo de “demostrar a mis compañeros refugiados que hay oportunidades y esperanza en la vida” como explica Yiech.

República del Congo, una historia sin fin

Si la guerra de Sudán del Sur es relativamente nueva, la del Congo se remonta a 50 años atrás. Y la peor noticia es que no parece tener fin ya que hay múltiples conflictos encendidos al mismo tiempo.

Odios étnicos históricos y sobre todo potentes intereses económicos. En el Congo encontramos numerosos yacimientos de diamantes, oro, petróleo y uranio a los que ahora se suma el coltán, un metal muy codiciado por la industria telefónica.

La judoca Yolande Bukasa escapó de este escenario, especialmente peligroso para las mujeres, en 2013 cuando se instaló precisamente en Río de Janeiro. Separada de sus familiares a los 10 años, pasó a vivir en un centro para niños desplazados en la capital, Kinsasa, hasta huir definitivamente años después, cansada de las vejaciones de sus entrenadores.

De hecho, Yolande no está sola en Río, una ciudad que acoge a 1.300 congoleños.

“Soy guerrera, ya luché mucho. Si tuviese que estar muerta habría sucedido en mi país. Dios me colocó aquí y voy a darlo todo” explica.

Etiopía, más allá de la sequía

Residente en Luxemburgo, estudia francés y trabaja de taxista mientras entrena para su pasión, la maratón. El veterano Yonas Kinde correrá en Río la distancia de Filípides tras haber demostrado su calidad en pruebas europeas.

Las sequías cíclicas que sufre Etiopía (segundo país más poblado de África) están dinamitando un país que requiere asistencia alimentaria para 15 millones de personas. Sin embargo, es el país del continente que más refugiados acoge. Pero Yonas no marchó del país por estos motivos.

“Para mí es imposible vivir allí, es muy peligroso. Dejé mi país por problemas políticos. Existen muchas dificultades morales y económicas, y es muy difícil ser un atleta” explicó a ACNUR.

Diez atletas que probablemente no ocuparán portadas por sus resultados deportivos en Río, pero que sí esperemos que remuevan consciencias. Como mínimo ellos lo intentarán.

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