Terry Fox y el Maratón de la Esperanza

Vini vidi vinci

Querer es poder. La motivación es el único elemento capaz de lograr lo imposible, es aquello que hace que cuando no puedes más alces la cabeza y continúes luchando. Cuando la motivación de alguien se traduce en esperanza para otros, se produce la magia. Una magia capaz de mover montañas.

Terry Fox tenía motivación y esperanza en todo su ser, y con ello obró una gesta digna de ser contada. La llamó “el Maratón de la Esperanza”. Correría un maratón diario y empezaría el 12 de abril de 1980. Su punto de partida sería en la orilla del Océano Atlántico, en Terranova, y su destino sería la Columbia Británica, al otro extremo de Canadá, a unos 8.000 kilómetros de distancia. Encontró en el deporte la forma de alertar sobre el cáncer y conseguir recaudar el suficiente dinero para seguir investigando.

 

El Maratón de la Esperanza

Dicha hazaña parecía una locura, si no fuera porque Fox era un luchador y soñador nato. Cuando el joven canadiense apenas había cumplido 18 años le diagnosticaron un osteosarcoma. Un tipo de cáncer de huesos que provocó que los médicos acabaran por amputar su pierna derecha. Terry se sentía capaz, tenía la motivación necesaria y su reto clamaba la esperanza. Su impulso para cambiar las cosas lo describió así:

 

“Pronto me di cuenta de que el tratamiento sólo sería la mitad de mi misión, porque en los dieciséis meses durante los cuales me sometí a la terrible experiencia de la quimioterapia, física y emocionalmente agotadora, me vi duramente sacudido por las sensaciones que me rodeaban y pervivían en la clínica de cáncer. Contemplé rostros que exhibían sonrisas valientes y otros que habían renunciado a sonreír. Presencié sentimientos de negación esperanzada y sentimientos de desesperación. Mi misión no sería egoísta. No podía irme de ahí sabiendo que esos rostros y sentimientos seguirían existiendo, aun cuando yo estuviera libre de mi cáncer. El sufrimiento tiene que detenerse en algún lugar, y yo estaba decidido a llegar al límite por esta causa.”

Quería cruzar Canadá de extremo a extremo en 6 meses, los mismos que estuvo en quimioterapia sufriendo y viendo también padecer a otros pacientes de cáncer. El tiempo no quiso acompañarle durante los primeros días de su reto, el viento y la lluvia hicieron acto de presencia y parecían no querer irse. El clima no le importaba, lo que realmente le dolía era la escasa repercusión que tenía su sueño.

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El camino hacia el olimpo

Comenzaba a correr todos los días justo antes del amanecer y cuando acababa se iba al pueblo más cercano, donde daba charlas o trataba de concienciar a la gente. Después, un representante de la Sociedad Nacional Contra el Cáncer de Canadá recogía donativos para la enfermedad.

Su suerte empezó a cambiar en la localidad de Port aux Basques (Terranova), donde los 10.000 ciudadanos del pueblo donaron cada uno 1 dólar. A partir de entonces, su historia empezó a divulgarse y a llegar a todos los rincones del país, hasta llegar a los oídos de Isadore Sharp.

Sharp era dueño de la cadena de hoteles Four Seasons y se sensibilizó con Terry porque, unos años antes (1978) había perdido a su hijo por un melanoma. Sharp decidió donarle dos dólares por cada milla que recorriera y ofrecerle alojamiento en todos sus hoteles mientras transcurriera su gesta. Además, trató de convencer a otras 999 empresas para que hicieran lo mismo.

Parecía que todo iba viento en popa, todos le conocían y el dinero que recaudaba no cesaba de crecer. Personajes ilustres de la sociedad canadiense le recibían con admiración y la gente de los pueblos le aclamaba y apoyaba. Cada zancada por dura que fuera era un triunfo.

Terry Fox, who lost his right leg to cancer three years ago, runs during a cross-Canada marathon to raise funds for cancer research in 1980. Fox stopped his run Sept. 2, more than halfway across the country when he was told cancer had been growing in his lungs. (AP Photo)

(AP Photo)

La bandera canadiense a media asta

Había corrido durante 143 días y 5.373 kilómetros cuando el joven canadiense tuvo que detenerse. Aún le faltaba la mitad de Canadá por recorrer pero su cuerpo había dicho basta. Un ataque de tos que no cesaba le llevó al hospital, donde descubrió que el cáncer se había extendido a los pulmones.

La enfermedad ganó la partida a la lucha y la perseverancia. Falleció nueve meses más tarde, con sólo 23 años, ahora hace 35. Hasta entonces, recaudó 1,7 millones de dólares canadienses y durante las semanas posteriores, esa cifra se disparó a los 25 millones.

El gobierno de Canadá ordenó izar a media asta todas las banderas del país. La lucha no cesó tras su muerte y hasta la fecha se han recaudado 650 millones de dólares en nombre de Terry a través de su fundación y de la Terry Fox Run. Una carrera que se celebra anualmente en más de 60 países y que está considerada como la mayor carrera destinada a la recaudación de fondos para la investigación del cáncer en todo el mundo.

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Sus pasos aún resuenan, su motivación sigue viva y la esperanza reside en la investigación de la enfermedad. Prometió no rendirse y creyó en su gesta. No pudo terminarla, pero el mundo entero conoció su hazaña y lo recaudado aún sigue ayudando y apoyando a las familias.

Una vez más, el deporte sirve de altavoz de una causa, en concreto del cáncer. Terry cambió la sociedad canadiense usando su esfuerzo, sus kilómetros. Hagamos lo mismo. Usemos nuestros kilómetros para cambiar el mundo.

Querer es poder. La motivación es el único elemento capaz de lograr lo imposible, es aquello que hace que cuando no puedes más alces la cabeza y continúes luchando. Cuando la motivación de alguien se traduce en esperanza para otros, se produce la magia.

¡Nosotros los iWOPIERS hacemos la magia!

 

Núria Guirado
Núria Guirado
Content and Social Media Strategist
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